Medico Que Descubrio Lavarse Las Manos?

Medico Que Descubrio Lavarse Las Manos
Ignaz Semmelweis, el médico que descubrió que lavarse las manos salva vidas.

¿Quién descubrió el lavado de manos?

¿Quién era Ignaz Semmelweis? – Considero interesante contar brevemente la historia de este hombre que consiguió relacionar las infecciones en personas ingresadas en el hospital en el que trabajaba, con la frecuencia del lavado de manos de los compañeros médicos y estudiantes de medicina del mismo hospital.

A los 28 años, Ignaz Semmelweis fue nombrado asistente de la primera clínica ginecológica del gran hospital general de Viena Allgemeines KrankenHans. Esta en su tiempo prestigiosa clínica vienesa, era una de las elegidas por numerosos estudiantes de medicina de diferentes países europeos para realizar las prácticas de final de carrera.

Semmelweis observó la gran cantidad de mujeres que fallecían a causa de la fiebre, provocando la muerte de un 10-35 % de las parturientas. Semmelweis, en el año 1847, propuso lavarse cuidadosamente las manos con una solución de hipoclorito cálcico cuando él trabajaba en la Primera Clínica Obstétrica (Clínica I) del Hospital General de Viena, donde la mortalidad entre las pacientes hospitalizadas en la sala atendida por obstetras (Clínica I), era de tres a cinco veces más alta que en la sala atendida por matronas (Clínica II). Medico Que Descubrio Lavarse Las Manos La Primera Clínica era el servicio de enseñanza para estudiantes de medicina; la Segunda Clínica había sido seleccionada en 1841 solo para instrucción de comadronas. Conmovido por lo que observaba, empezó a recopilar información, a cuantificar datos y reflexionar sobre lo que estudiaba. Comenzó a apreciar diferencias en las frecuencias de presentación de la enfermedad entre las dos salas de maternidad existentes y concluyó, luego de grandes esfuerzos y búsquedas, con la elaboración de un nuevo concepto: existía una “materia cadavérica” que era transportada por las manos de los médicos y estudiantes que tenían a su cargo la atención de las madres en trabajo de parto en la Clínica y generaba en ellas la fatal enfermedad.

Propuso el uso de soluciones con cloro para el lavado de manos de los médicos y estudiantes de medicina, antes y después de atender y examinar a sus pacientes. Esta medida se inició a mediados de mayo de 1847.

Minuciosamente anotó durante temporadas el comportamiento de las muertes y descubrió que, con la simple medida del lavado de manos, éstas disminuyeron extraordinariamente. Consultó los archivos y registros del hospital de maternidad de Viena desde su apertura en 1784 hasta 1848.

Elaboró tablas con los datos de partos, defunciones, y tasas de mortalidad para esos años. Registró enormes diferencias en las tasas de mortalidad, por ejemplo, del 12,11% en 1842 contra el 1,28% en 1848.

Comprobó el efecto fatal de la atención obstétrica por parte de los estudiantes de medicina, estudiantes que provenían de hacer autopsias y prácticas con cadáveres, en comparación con las tasas menores de mortalidad entre las pacientes asignadas a las matronas en la Clínica 2, quienes no tenían contacto con los estudios anatómicos en cadáveres.

Por parte de la sociedad científica responsable de analizar el problema, se daban razones de lo más dispares, desde la muerte por la angustia que causaba el sonido de la campanilla del monaguillo que precedía al sacerdote, cuando éste se dirigía allá para administrar los sacramentos a las moribundas, la vergüenza que sentían las mujeres ante los estudiantes, hasta la mala ventilación.

Semmelweis era consciente del absurdo de esas interpretaciones, pero no así cuál era la causa que producía la fiebre puerperal. Todo cambió con la muerte de un amigo y colega suyo del hospital, que durante la realización de una autopsia en una de las clases que impartía, un alumno lo hirió con el bisturí en un dedo.

Observó que los síntomas que observaba eran los mismos que los de las mujeres fallecidas por la fiebre y que los hallazgos de su necropsia fueron, en todo, similares. Semmelweis defendió con vigor su descubrimiento y la salud de sus pacientes, “hay que terminar con la matanza “, escribió.

” Una vez que se identificó la causa de la mayor mortalidad de la primera clínica como las partículas de cadáveres adheridas a las manos de los examinadores, fue fácil explicar el motivo por el cual las mujeres que dieron a la luz en la calle tenían una tasa notablemente más baja de mortalidad que las que dieron a luz en la clínica… “.

Se dio cuenta de que estas partículas cadavéricas entraban por el torrente sanguíneo de la persona afectada y que podía afectar no sólo a las mujeres que habían dado a luz, sino que también afectaba a las embarazadas y a sus propios hijos recién nacidos.

Sus observaciones no fueron tenidas en consideración, siendo incluso amenazado por sus propios compañeros. Medico Que Descubrio Lavarse Las Manos Los datos eran incontrovertibles: las tasas de mortalidad de fiebre puerperal para la Primera Clínica en la Institución de Maternidad de Viena cayeron notablemente cuando Semmelweis implementó el lavado de manos a mediados de mayo de 1847. Claramente, estaba culpando a los propios médicos y estudiantes de medicina de estas muertes, era un insulto para la imagen de los médicos. Les estaba llamando asesinos, llegaron a decir. Incluso su propio jefe, el Profesor Klein, estuvo en contra de él y prohibió esta medida sanitaria, relevando del cargo a Semmelweis en 1849 y dejando a Braun, quien creía que todo era problema de mala ventilación.

¿Quién fue Ignaz Semmelweis y qué descubrió?

Ignaz Semmelweis was a Hungarian obstetrician who in the nineteenth century, preceding the discoveries of Pasteur and Lister, proposed the infectious etiology of puerperal sepsis. With a simple antiseptic procedure, he achieved marked reduction of the prevalence of this disease.

However, he needed to fight against the reluctancy of his colleagues who didn’t accept his observations although they were for the first time in the history of Science, supported by statistical significance analysis.

This report describes biographical data of this revolutionary physician and the circumstances of his strange death based on information not often revealed. Key words: Semmelweis, IP; puerperal infections; antisepsis. Resumen Ignaz Semmelweis, fue un obstetra húngaro que a mediados del siglo XIX, precediendo los hallazgos de Pasteur y Lister, logró descubrir la naturaleza infecciosa de la fiebre puerperal, logrando controlar su aparición con una simple medida de antisepsia.

  • Debió luchar con la reticencia de sus colegas que no aceptaron sus observaciones que, por primera vez en la historia, fueron apoyadas con datos estadísticos;
  • Esta comunicación describe datos biográficos de este trascendente científico y las circunstancias que rodearon su extraña muerte, apoyada en información infrecuentemente divulgada;

Palabras clave: Semmelweis IP; sepsis puerperal; antisepsis.

¿Cuándo se creó el lavado de manos?

RESUMEN Introducción: el lavado de las manos, continúa siendo un problema pendiente de solución tanto en los ambientes domésticos como en los servicios de salud a nivel mundial. Objetivo: describir los principales descubrimientos relacionados con la historia del lavado de las manos y los científicos asociados con estos hallazgos.

Métodos: se realizó una búsqueda sobre la historia del lavado de las manos, en los recursos disponibles en la Biblioteca Virtual de Salud de Cuba. Se consultaron 3 libros, que forman parte de la colección presente en la biblioteca de la Facultad de Estomatología “Raúl González Sánchez”, 84 artículos de bases de datos como Cumed, Pubmed, Lilacs y Ebsco, de ellos solo se seleccionaron 22 posteriores al año 1981.

Se utilizaron los términos de búsqueda: lavado, desinfección, higienización de las manos, historia. Resultados: el descubrimiento del lavado de las manos como una medida higiénica capaz de eliminar los microorganismos presentes en estas, ocurrió en la primera mitad del siglo XIX.

  • La observación cuidadosa, el análisis y la asociación de hechos realizado por eminentes científicos, que convivieron con la muerte de la mayoría de los enfermos hospitalizados a causa de la infección, les permitió comprender que las manos de los médicos podían portar partículas que enfermaban a los pacientes; por eso abogaron denodadamente por instaurar el lavado de las manos;

Conclusiones : los estudios de Semmelweis constituyen la primera evidencia documentada y clara del beneficio que reporta el lavado de las manos en el control de las enfermedades infecciosas, vigente hasta la actualidad. Palabras clave : lavado de las manos, desinfección de manos, higienización de manos, historia.

¿Cuál es el problema que planteo Semmelweis?

Semmelweis llegó a la conclusión de que la fiebre puerperal podía ser producida no sólo por materia cadavérica, sino también por «materia pútrida procedente de organismos vivos».

¿Quién fue y que hizo Joseph Lister?

Joseph Lister (1827-1912) fue un médico y cirujano inglés, creador de la antisepsia, de extracción cuáquera, su padre de formación científica, desarrolla descubrimientos que perfeccionan la microscopía. Se gradúa de médico en la Universidad de Londres en 1852 y luego estudia Cirugía en Edimburgo, donde recibe el título en 1852; describe los músculos del iris y el mecanismo de la pupila en 1852 y, en 1860, es profesor de la Universidad de Glasgow. Oleo de Joseph Lister. The University of Glasgow Story y Vaporizador de ácido carbólico usado por Lister en Inglaterra, entre 1866 y 1870. Science Museum, London. Conociendo el trabajo de Pasteur sobre los microorganismos contaminantes en el aire de 1860, concluye que había que desinfectar de alguna manera las inmediaciones del campo operatorio.

Lister se interesó desde un principio por los fenómenos de inflamación desde 1857, usa el método experimental, utiliza la estadística, trabaja con animales en su laboratorio, usa el microscopio. Como no podía usar la ebullición de Pasteur, Lister se dedica a investigar sustancias químicas con propiedades antisépticas, con el fin de disminuir los estragos causados por la infección y las elevadas cifras de mortalidad operatoria, una de sus estadísticas sobre amputaciones revela que 45 de 100 amputaciones fueron mortales.

Lister sigue los consejos de su maestro Syme de mantener la herida limpia, usar drenajes, cambiar apósitos, pero la situación no varía mucho. Empezó a buscar sustancias antisépticas y probó con el cloruro de zinc y los sulfitos; en 1865 emplea el ácido fénico con éxito en una fractura abierta, viendo que su aplicación evita la supuración de la herida, luego introduce la vaporización con ácido fénico.

En 1867 publica ‘Sobre los principios antisépticos en la práctica de la Cirugía’, donde demuestra el descenso de la mortalidad tras la aplicación de las medidas antisépticas. En tiempos en que todavía pervivían conceptos del Paradigma Antiguo en la Medicina como el del Pus laudable, considerando la infección como benéfica, como parte normal del curso de la enfermedad, necesaria para el proceso de curación.

Reconoce a Semmelweis como precursor y a Pasteur como maestro. Sus colegas escépticos ante sus descubrimientos se burlan en las salas de cirugía diciéndole al que entraba: “Cerrad la puerta. No vayan a entrar los microbios de Lister”. Los cirujanos de la época usaban un viejo frac para sus cirugías, que nunca lavaban y con el que limpiaban los instrumentos quirúrgicos, lo que explica el rechazo de los médicos de la época a las teorías de Lister, que imponía una limpieza rigurosa en las cochinas salas de cirugía de finales del siglo XIX, donde según el profesor James Young Simpson, inventor de la cloroformización: “el hombre que da con sus huesos en nuestros quirófanos, corre más peligro de muerte que un soldado inglés en la Batalla de Waterloo”.

  1. A Lister se le debe el desarrollo moderno de la cirugía y la disminución de la mortalidad operatoria, se dice que la cirugía se divide en dos eras, antes y después de Lister;
  2. Inventó varios instrumentos quirúrgicos e introdujo el catgut en las suturas vasculares;
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En 1877 es nombrado catedrático del Colegio Real de Londres. Fue presidente de la Sociedad Real y creó el Instituto Jenner en 1897, que desde 1903 se llama Instituto Lister de Medicina Preventiva. La Reina Victoria lo llama para atenderla y le otorga el título de Par en 1897, es el primer médico con un asiento en la Cámara de los Pares.

¿Cuando los médicos no sé lavaban las manos?

“Cuando se haga historia de los errores humanos se encontrarán difícilmente ejemplos de esta clase y provocarán asombro que hombres tan competentes, tan especializados, pudieran, en su propia ciencia, ser tan ciegos, tan estúpidos”. Ferdinand Ritter von Hebra en Semmelweis , de Ferdinand Céline.

  • Los médicos no siempre se han lavado las manos;
  • Esta técnica, tan promovida en estos tiempos de pandemia, se remonta tan sólo al siglo XIX;
  • Sus antecedentes también están ligados a un país, Austria, y a un lugar: el Hospital General de Viena;

Durante este tiempo fue considerado uno de los más grandes y mejores hospitales de Europa. Entre los muchos casos que se trataban en este centro, llama con especial atención los dos grupos médicos que trabajaban con parturientas.

¿Quién fue Kolletschka?

Jakob Kolletschka
Información personal
Nacimiento 4 de julio de 1803 Biela, Bohemia ,   Imperio austríaco
Fallecimiento 13 de marzo de 1847 , 43 años Viena , Austria ,   Imperio austrohúngaro
Causa de muerte Sepsis
Nacionalidad Austríaca
Educación
Educado en Universidad de Viena
Información profesional
Ocupación Médico , forense
Empleador Universidad de Viena
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Jakob Kolletschka (Biela, Bohemia , 4 de julio de 1803 – Viena , 13 de marzo de 1847 ) fue profesor de medicina forense del Hospital General de Viena. Es principalmente conocido porque su muerte llevó a Ignaz Semmelweis a su descubrimiento de la etiología de la fiebre puerperal. Kolletschka, recibió una herida penetrante en un dedo, producida por el escalpelo de un estudiante con el que estaba realizando una autopsia, y murió después de una agonía durante la cual mostró los mismos síntomas que Semmelweis había observado en las víctimas de la fiebre puerperal.

¿Quién fue Hipócrates de Cos?

Hipócrates – Hipócrates era un médico griego nacido en la isla de Cos, Grecia, el año 460 aC. Fue visto como el médico mas grande de todos los tiempos y basó su práctica médica en la observación y el estudio del cuerpo humano. Rechazó los puntos de vista de sus contemporáneos que consideraban que la enfermedad era producida por supersticiones, como la posesión por espíritus diabólicos o la caída del favor de los dioses, y sostuvo que la enfermedad tenía una explicación física y racional.

  • Por esto se le considera el fundador de la medicina;
  • Hipócrates sostenía que el cuerpo debe ser tratado como un todo y no como una serie de partes, describiendo con cuidadolos síntomas de la neumonía, así como de la epilepsia en los niños;

Mantenía que el proceso de la curación natural podía obtenerse por medio del reposo, una dieta adecuada, aire fresco y limpieza corporal. Además, notó que había diferencias individuales en la severidad de los síntomas de enfermedades y que algunos individuos las resistían mejor que otros.

  1. Fue el primer médico que tuvo la idea de que los pensamientos, ideas y sensaciones provenían del cerebro y no del corazón como muchos de sus contemporáneos creían;
  2. Hipócrates viajó mucho por Grecia, fundando escuelas de medicina en Cos, una isla cerca de Rodas, en el Asia Menor, donde empezó a enseñar sus ideas;

Por esto, se le asoció con Esculapio de Cos y un grupo de tratados conocidos colectivamente como el Corpus Hipocraticus. Hipócrates también es famoso por sus ideas sobre la separación entre la medicina y el unionismo en la medicina, y su preocupación con los deberes de los médicos, mas que sus derechos, lo llevaron a desarrollar un juramento de ética médica que es llamado el Juramento de Hipócrates y aún actualmente es tomado por los médicos cuando empiezan su práctica.

¿Cómo se descubrió la importancia de lavarse las manos?

Actualmente todos somos conscientes de la importancia que tiene lavarse las manos para prevenir infecciones. Pero un gesto que ahora nos parece tan lógico (y que ha salvado tantas vidas), no lo era hace apenas 150 años. El autor de esta brillante y maravillosa idea fue un médico húngaro de origen alemán llamado Ignaz Philipp Semmelweis.

Nacido el 1 de julio de 1818, este médico es mundialmente conocido como “el salvador de las madres”, ya que fue él quien descubrió que desinfectarse las manos antes de tratar a las parturientas disminuía drásticamente los casos de muerte de mujeres y recién nacidos a causa de la fiebre puerperal.

Semmelweis es mundialmente conocido como “el salvador de las madres” al demostrar que desinfectarse las manos antes de tratar a las parturientas evitaba muchas muertes.

¿Cómo se descubrió que el lavado de manos puede salvar vidas?

Lavarse las manos es una forma sencilla de frenar la pandemia. El médico húngaro Ignác Semmelweis fue el primero en descubrir -a mediados del siglo XIX- que la higiene salva vidas, pero sus compañeros ridiculizaron sus ideas y él murió abandonado en un psiquiátrico.

  1. Semmelweis (1818-1865) se adelantó a su tiempo con sus teorías, que formuló cuando se desconocía la existencia de gérmenes y bacterias;
  2. Su descubrimiento tiene más vigencia que nunca: lavarse las manos dificulta contraer la gripe o la COVID-19, evita infecciones y contagios, y salva cada año millones de vidas;

La Organización Mundial de la Salud (OMS) desarrolla desde 2009 la campaña “Salve vidas: límpiese las manos”, para concienciar de que algo tan sencillo es una herramienta fundamental de salud pública. UN PIONERO DE LA HIGIENE Semmelweis estudió medicina en Pest y Viena, donde se doctoró y logró una plaza en 1846 en la Maternidad del Hospital General de la ciudad, uno de los mayores de Europa.

Los hospitales en esa época eran muy distintos de los actuales: eran lugares mugrientos, llenos de parásitos y tan apestosos que el personal médico solía taparse la nariz para trabajar. La tasa de mortalidad por fiebre puerperal era de alrededor del 15 % y a veces llegaba al 30 %.

En aquella época, las muertes en los partos o en las infecciones posteriores se atribuían a una transmisión aérea por aire corrupto o miasmas pútridas. En la Maternidad había dos clínicas, una atendida por médicos y estudiantes y otra, por matronas. En la primera, la mortalidad era muy superior a la segunda y Semmelweis quiso saber el motivo.

  • La única diferencia que observó era que los médicos y estudiantes asistían directamente a los partos tras haber realizado autopsias;
  • Entonces no se usaban guantes y muchas veces los médicos tenían las manos sucias con restos orgánicos de los cadáveres, lo que transmitía infecciones sin que ellos lo supieran;

A esto se unió la muerte de un amigo médico, que sufrió síntomas similares a la fiebre puerperal después de que un estudiante le cortase de forma accidental con un bisturí durante una autopsia. LAVARSE LAS MANOS Su conclusión: existía una relación entre la escasa higiene de los médicos y la elevada mortalidad en la sala de partos.

“Para que ocurra fiebre puerperal es condición ineludible la introducción de materia cadavérica en el torrente sanguíneo”, anotó el médico húngaro. Y su solución fue obligar a los médicos a lavarse las manos durante cinco minutos con cloruro cálcico antes de entrar en los paritorios.

Los resultados no tardaron en llegar. Si a principios de 1847 la tasa de mortalidad era del 18 %, pocas semanas después cayó por debajo del 3 %. Pese a este éxito, muchos de los médicos más influyentes de Viena se burlaron de sus ideas, consideraron que la bajada en la mortalidad era una simple fluctuación estadística y presionaron para que no le renovaran su contrato.

  • El fondo de la cuestión era que sus colegas eran incapaces de aceptar que fueran responsables de la muerte de sus propios pacientes, explica a Efe Bernhard Küenburg, fundador y presidente de la Asociación Semmelweis de Viena;

“Los médicos no querían admitir que ellos mismos, por sus propias manos, fuesen responsables de las muertes de mujeres y niños. Eran personas que querían ayudar y salvar vidas, y aceptar eso era muy duro”, expone. La polémica creció, azuzada también por diferencias políticas: Semmelweis, de origen judío, defendía ideas liberales en una Austria convulsionada por la Revolución de 1848, mientras que sus superiores más poderosos eran profundamente conservadores.

  • En 1849, pese a haber reducido la mortalidad, su contrato con el hospital se canceló;
  • Las muertes volvieron a subir rápidamente porque el lavado de manos dejó de emplearse;
  • MUERTE EN UN PSIQUIÁTRICO Semmelweis regresó a Budapest, donde trabajó en varios hospitales en los que redujo la mortalidad a menos del 1 %;

Pero el fracaso en Viena, la muerte evitable de muchas mujeres al dar a luz y que su descubrimiento no se reconociese lo frustraron cada vez más. “Cuanto mayor era el rechazo a sus teorías, más agresiva se volvía su forma de argumentar”, relata Küenburg.

  • El enfrentamiento con sus críticos llegó a tal punto que tildó de “asesinos” a los médicos que no se lavaban las manos;
  • Con el paso de los años, Semmelweis se dio a la bebida y sufrió algunos transtornos que sus rivales usaron para desacreditarle;

Las circunstancias de su muerte no son del todo claras, aunque sí trágicas. En 1865, a los 47 años, fue internado contra su voluntad en un manicomio a las afueras de Viena y dos semanas después murió tras intentar fugarse, al parecer, debido al maltrato sufrido por los guardias que lo capturaron.

“Su cuerpo fue exhumado cien años después de su muerte y se confirmó que en las extremidades superiores había numerosas fracturas. Esto probaría la tesis de que no fue una muerte natural sino causada por el uso de la fuerza”, resume Küenburg.

RECONOCIMIENTO PÓSTUMO Sus ideas se comenzaron a aplicar después de su muerte y, de forma póstuma, se le reconoció como “el salvador de las madres”. Su apellido da nombre a clínicas en Viena y Budapest y su descubrimiento es reconocido de forma universal: desde la OMS hasta Google, que le dedicó un doodle hace poco.

Su apellido también da nombre al “reflejo de Semmelweis”, una metáfora sobre el rechazo a ideas nuevas basadas en la evidencia porque contradicen verdades hasta entonces incuestionables. Y esta es una de las enseñanzas que destaca Küenburg en un momento de pandemia como el actual: No se debe permitir que políticos contradigan a la ciencia por ignorancia o prejuicios.

Luis Lidón.

¿Por qué los cirujanos se lavan las manos?

Objetivo del lavado de manos quirúrgico – Medico Que Descubrio Lavarse Las Manos El principal objetivo del lavado de manos quirúrgico es lograr un alto grado de asepsia en el momento previo y posterior a una cirugía. Con esta técnica se consigue eliminar de forma rigurosa posibles restos que puedan quedar en las manos o los brazos y evitar así las temidas infecciones nosocomiales en los hospitales. Recordemos que las manos son uno de los principales transmisores de gérmenes y, en caso de no aplicar una buena higiene, ponemos en riesgo la salud de los pacientes y la de los propios profesionales.

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¿Qué es lo que llevo a Semmelweis a aceptar la hipótesis de qué era la materia cadavérica la que provocaba la fiebre puerperal ya descartar las otras alternativas?

Descubrimiento de las partículas cadavéricas (veneno cadavérico) [ editar ] – Semmelweis fue contratado en julio de 1846 como médico ayudante (asistente al profesor Klein) en la Clínica Primera del Hospital General de Viena. [ 5 ] ​ Sus obligaciones, en general, eran examinar a los pacientes cada mañana para preparar las visitas a sala del profesor, supervisar los partos difíciles, dar clase a los estudiantes de obstetricia y mantener los archivos e historias clínicas.

En el siglo XIX se establecieron hospitales maternales en toda Europa para resolver los problemas de infanticidio de los hijos ilegítimos. Estos hospitales se crearon como instituciones gratuitas y adicionalmente ofrecían cuidados para los recién nacidos que los hacían atractivos para las mujeres más pobres incluyendo prostitutas.

En compensación por la asistencia gratuita las mujeres podían ser estudiadas y aceptaban ser sujeto de prácticas por los estudiantes de medicina y matronas. [ 5 ] ​ [ 7 ] ​ En la Maternidad del Hospital de Viena existían dos clínicas. La Clínica Primera en que la tasa de mortalidad por fiebre puerperal era aproximadamente de un 10% (con amplias fluctuaciones) y la Clínica Segunda donde la mortalidad era mucho más baja, menos del 4%.

Este hecho era conocido fuera del hospital y dado que la admisión en una u otra clínica se hacía en días alternos, las mujeres intentaban ser admitidas en la Clínica Segunda debido a la mala reputación de la Clínica Primera.

Semmelweis hace referencia a mujeres desesperadas implorando de rodillas no ser admitidas en la Clínica Primera. Algunas mujeres preferían dar a luz en la calle, diciendo que el parto había sido imprevisto y habían dado a luz en el camino al hospital (partos callejeros), pues ello les daba derecho a beneficios por maternidad sin haber tenido que dar a luz en la clínica.

[ 5 ] ​ Semmelweis estaba intrigado por el hecho de que la fiebre puerperal era infrecuente en las mujeres que daban a luz “en camino” del hospital, y no se explicaba la causa de que estas mujeres que daban a luz fuera del hospital parecían estar protegidas frente a la fiebre puerperal.

Así mismo, tampoco comprendía por qué las mujeres que daban a luz en la Clínica Primera sufrían una tasa de mortalidad mucho más alta que las que daban a luz en la Clínica Segunda, dado que en ambas se usaban los mismos procedimientos de asistencia. [ 5 ] ​ Entonces Semmelweis comenzó un meticuloso proceso de eliminación de las posibles diferencias de procedimiento entre ambas clínicas, incluyendo las prácticas religiosas. Fiebre puerperal, tasas de mortalidad (%) en la Primera y Segunda Clínica (1841-1846) del Hospital General de Viena. La Clínica Primera sufría una tasa de mortalidad superior.

Mortalidad por fiebre puerperal en las clínicas Primera y Segunda de la Maternidad del Hospital General de Viena, 1841-1846 (Tabla 1 de la obra de Semmelweis)

  Clínica Primera (estudiantes de medicina)   Clínica Segunda (matronas)
Año Nacimientos Muertes Mortalidad (%)   Nacimientos Muertes Mortalidad (%)
1841 3036 237 7,8   2442 86 3,5
1842 3287 518 15,8   2659 202 7,6
1843 3060 274 9,0   2739 164 6,0
1844 3157 260 8,2   2956 68 2,3
1845 3492 241 6,9   3241 66 2,0
1846 4010 459 11,4   3754 105 2,8
Total 20 042 9,92 17 991 3,38

Semmelweis descartó como causas del exceso de mortalidad en la Clínica Primera el hacinamiento (la Clínica Segunda estaba siempre más concurrida que la Clínica Primera), la influencia del clima (influencias atmosférico-cósmico-terrestres o telúricas), dado que eran idénticas para ambas clínicas, miedo, influencia emocional ante las múltiples visitas del sacerdote tocando la campanilla para administrar los últimos sacramentos y ofensas a la modestia de las pacientes causadas por los estudiantes varones. A pesar de examinar cuidadosamente todas estas “posibles” causas de la diferencia en mortalidad Semmelweis fue incapaz de encontrar la causa que la explicase. En marzo de 1847 ocurrió un hecho decisivo para Semmelweis, la muerte de su amigo el profesor (de medicina forense) Jakob Kolletschka.

La gran diferencia que encontró fue el tipo de personal que trabajaba en ellas. La Clínica Primera era donde practicaban los estudiantes de medicina, mientras que la Clínica Segunda estaba destinada desde 1841 a la enseñanza de matronas (anteriormente estudiantes de medicina y matronas hacían prácticas en ambas clínicas).

Su muerte ocurrió cuando Semmelweis se encontraba fuera de Viena en viaje turístico a Venecia. La muerte de Kolletschka fue consecuencia de una picadura anatómica [ nota 2 ] ​ al cortarse en un dedo con el mismo bisturí con que estaba realizando una autopsia.

La autopsia de Kolletschka mostró alteraciones patológicas similares a las que se encontraban en las mujeres que fallecían de fiebre puerperal, lo que llevó a Semmelweis a la conclusión de que la enfermedad que había provocado su muerte era idéntica a la que causaba la muerte de tantas parturientas y a proponer una conexión entre la contaminación cadavérica y la fiebre puerperal.

Semmelweis concluyó que los estudiantes transportaban partículas cadavéricas en sus manos, adquiridas en las autopsias que habían realizado antes de examinar a las pacientes de la Clínica Primera. Los exámenes a las parturientas se realizaban después de lavarse las manos con agua y jabón (o incluso sin lavarse las manos) pero el olor a putrefacción persistía en las manos de los estudiantes y médicos aún después de lavarse.

[ 5 ] ​ Esto explicaba por qué las estudiantes de matrona que cuidaban a las enfermas en la Clínica Segunda, que no realizaban autopsias y no tenían contacto con cadáveres y no transportaban en sus manos partículas cadavéricas, no contaminaban a las parturientas.

Cuando Semmelweis descubrió la conexión entre la transmisión de las partículas cadavéricas y la fiebre puerperal la teoría de la infección causada por gérmenes aún no se había desarrollado. Semmelweis se dio cuenta de que el simple lavado con jabón no eliminaba completamente el olor a “cadáver” de las manos de estudiantes y médicos y por tanto no eliminaba las partículas cadavéricas.

Por ello instituyó una política de inmersión de las manos de estudiantes y médicos en una solución de hipoclorito cálcico [ nota 3 ] ​ entre la realización de autopsias y el examen de las parturientas.

La inmersión de las manos en hipoclorito debía prolongarse hasta que el olor a cadáver desapareciera, como muestra de la destrucción de las partículas cadavéricas, impidiendo la transmisión de este material a las parturientas. [ 5 ] ​ El resultado de la aplicación de esta técnica de lavado antiséptico de Semmelweis fue un descenso de la mortalidad por fiebre puerperal en la Clínica Primera de un 90%, obteniendo tasas comparables a las de la Clínica Segunda.

  • La tasa de mortalidad en la Clínica Primera en abril de 1847 era del 18;
  • 3%, después de la adopción del lavado de manos antiséptico (mediados de mayo de 1847) bajó en junio al 2,2%, en julio al 1,2% y en agosto al 0,9%, y por primera vez desde la introducción de la enseñanza anatómicamente orientada de la medicina (con realización de autopsias por médicos y estudiantes) fue cero durante dos meses después de la adopción de las medidas antisépticas de Semmelweis;

[ 5 ] ​ [ 8 ] ​.

¿Cuándo se inició el lavado de manos?

¿Quién era Ignaz Semmelweis? – Considero interesante contar brevemente la historia de este hombre que consiguió relacionar las infecciones en personas ingresadas en el hospital en el que trabajaba, con la frecuencia del lavado de manos de los compañeros médicos y estudiantes de medicina del mismo hospital.

A los 28 años, Ignaz Semmelweis fue nombrado asistente de la primera clínica ginecológica del gran hospital general de Viena Allgemeines KrankenHans. Esta en su tiempo prestigiosa clínica vienesa, era una de las elegidas por numerosos estudiantes de medicina de diferentes países europeos para realizar las prácticas de final de carrera.

Semmelweis observó la gran cantidad de mujeres que fallecían a causa de la fiebre, provocando la muerte de un 10-35 % de las parturientas. Semmelweis, en el año 1847, propuso lavarse cuidadosamente las manos con una solución de hipoclorito cálcico cuando él trabajaba en la Primera Clínica Obstétrica (Clínica I) del Hospital General de Viena, donde la mortalidad entre las pacientes hospitalizadas en la sala atendida por obstetras (Clínica I), era de tres a cinco veces más alta que en la sala atendida por matronas (Clínica II). La Primera Clínica era el servicio de enseñanza para estudiantes de medicina; la Segunda Clínica había sido seleccionada en 1841 solo para instrucción de comadronas. Conmovido por lo que observaba, empezó a recopilar información, a cuantificar datos y reflexionar sobre lo que estudiaba. Comenzó a apreciar diferencias en las frecuencias de presentación de la enfermedad entre las dos salas de maternidad existentes y concluyó, luego de grandes esfuerzos y búsquedas, con la elaboración de un nuevo concepto: existía una «materia cadavérica» que era transportada por las manos de los médicos y estudiantes que tenían a su cargo la atención de las madres en trabajo de parto en la Clínica y generaba en ellas la fatal enfermedad.

Propuso el uso de soluciones con cloro para el lavado de manos de los médicos y estudiantes de medicina, antes y después de atender y examinar a sus pacientes. Esta medida se inició a mediados de mayo de 1847.

Minuciosamente anotó durante temporadas el comportamiento de las muertes y descubrió que, con la simple medida del lavado de manos, éstas disminuyeron extraordinariamente. Consultó los archivos y registros del hospital de maternidad de Viena desde su apertura en 1784 hasta 1848.

Elaboró tablas con los datos de partos, defunciones, y tasas de mortalidad para esos años. Registró enormes diferencias en las tasas de mortalidad, por ejemplo, del 12,11% en 1842 contra el 1,28% en 1848.

Comprobó el efecto fatal de la atención obstétrica por parte de los estudiantes de medicina, estudiantes que provenían de hacer autopsias y prácticas con cadáveres, en comparación con las tasas menores de mortalidad entre las pacientes asignadas a las matronas en la Clínica 2, quienes no tenían contacto con los estudios anatómicos en cadáveres.

Por parte de la sociedad científica responsable de analizar el problema, se daban razones de lo más dispares, desde la muerte por la angustia que causaba el sonido de la campanilla del monaguillo que precedía al sacerdote, cuando éste se dirigía allá para administrar los sacramentos a las moribundas, la vergüenza que sentían las mujeres ante los estudiantes, hasta la mala ventilación.

Semmelweis era consciente del absurdo de esas interpretaciones, pero no así cuál era la causa que producía la fiebre puerperal. Todo cambió con la muerte de un amigo y colega suyo del hospital, que durante la realización de una autopsia en una de las clases que impartía, un alumno lo hirió con el bisturí en un dedo.

Observó que los síntomas que observaba eran los mismos que los de las mujeres fallecidas por la fiebre y que los hallazgos de su necropsia fueron, en todo, similares. Semmelweis defendió con vigor su descubrimiento y la salud de sus pacientes, “hay que terminar con la matanza “, escribió.

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” Una vez que se identificó la causa de la mayor mortalidad de la primera clínica como las partículas de cadáveres adheridas a las manos de los examinadores, fue fácil explicar el motivo por el cual las mujeres que dieron a la luz en la calle tenían una tasa notablemente más baja de mortalidad que las que dieron a luz en la clínica… «.

Se dio cuenta de que estas partículas cadavéricas entraban por el torrente sanguíneo de la persona afectada y que podía afectar no sólo a las mujeres que habían dado a luz, sino que también afectaba a las embarazadas y a sus propios hijos recién nacidos.

Sus observaciones no fueron tenidas en consideración, siendo incluso amenazado por sus propios compañeros. Los datos eran incontrovertibles: las tasas de mortalidad de fiebre puerperal para la Primera Clínica en la Institución de Maternidad de Viena cayeron notablemente cuando Semmelweis implementó el lavado de manos a mediados de mayo de 1847. Claramente, estaba culpando a los propios médicos y estudiantes de medicina de estas muertes, era un insulto para la imagen de los médicos. Les estaba llamando asesinos, llegaron a decir. Incluso su propio jefe, el Profesor Klein, estuvo en contra de él y prohibió esta medida sanitaria, relevando del cargo a Semmelweis en 1849 y dejando a Braun, quien creía que todo era problema de mala ventilación.

¿Por qué lavarse las manos antes de entrar al quirófano?

La Unesco conmemora los 150 años de la muerte de Ignacio Semmelweis, el doctor húngaro que descubrió el enorme valor de tan básica medida higiénica y que pagó el hallazgo con su vida – Algo tan higiénico, tan común hoy como lavarse las manos no fue una medida fácil de introducir en la cultura médica.

  • Cuando, a mediados del siglo XIX, los especialistas comenzaron a oír que un gesto así antes de entrar al quirófano podía salvar muchas vidas, lo tomaron como una ofensa a su honor;
  • El húngaro Ignacio Felipe Semmelweis (1818-1865), de cuya muerte se cumplen ahora 150 años, pagó cara la osadía;

La Unesco ha decidido restablecer oficialmente su honor y conmemorar este 2015 como el año de Semmelweis, algo para lo que entre otras actividades organizará congresos internacionales en París y Budapest. Semmelweis fue un destacado obstetra que con 28 años, en 1846, fue nombrado asistente del reconocido profesor Klein en una de las maternidades más famosas de Austria, la del Hospicio General de Viena.

  • El joven especialista húngaro estaba entonces muy preocupado porque había descubierto que las mujeres que daban a luz en casa tenían mucho mejor supervivencia que las que acudían al hospital;
  • Morían un 30% de las parturientas y en algunas salas hasta el 96%;

Todas por igual causa, la fiebre puerperal que sigue al parto. En su afán por saber qué estaba pasando, descubrió que las áreas donde se registraba mayor mortalidad eran las visitadas por los estudiantes. Los alumnos, según vio, atendían a las mujeres justo después de asistir a las sesiones de medicina forense en el pabellón de Anatomía.

  • No había evidencia científica, pero para Semmelweis estaba claro: sus manos estaban infectadas;
  • La prueba definitiva de lo que estaba buscando la logró el día que asistió a la muerte de uno de sus colegas, debida a una infección generalizada;

La víctima se había cortado con un bisturí usado en una autopsia y a Semmelweis se le encendió la bombilla. Colocó delante de su quirófano un lavabo con agua y un potente desinfectante (una solución de cloruro cálcico) y obligó a médicos y estudiantes a lavarse las manos para entrar a sus quirófanos.

¿Qué ocurrió? Lo esperado. Las muertes cayeron por debajo del 1%. Calvario, mendicidad y muerte A Klein no le hizo gracia el asunto y se ocupó personalmente de poner en contra de su compañero a toda la profesión médica, hasta que logró su destierro.

¿Quién era ese chaval nuevo para poner en entredicho la profesionalidad de nada menos que de los médicos? Las mujeres, según la profesión médica de la época, no podían morirse infectadas por las manos de un galeno, ¡habrase visto!, sino por su propia debilidad, una dieta inadecuada, emanaciones fétidas de suelos y aguas impuras (miasmas) o por el influjo de la luna.

  • pero ¿por unas manos sucias? Semmelweis vivió como un mendigo hasta que otro profesional le descubrió muerto de hambre en las calles de Budapest y le facilitó un nuevo empleo en un hospital de la ciudad;

La historia se repitió. Al final de sus días, el especialista tuvo que ser asistido en un psiquiátrico, víctima de una sepsis, una infección generalizada, el mal al que había tratado de combatir durante toda su vida. Cuenta la leyenda que aprovechó un permiso para demostrar su certeza y que se infectó a propósito, con material contaminado procedente de una autopsia.

¿Cuál es la importancia del lavado de manos en la maternidad?

¿Quién era Ignaz Semmelweis? – Considero interesante contar brevemente la historia de este hombre que consiguió relacionar las infecciones en personas ingresadas en el hospital en el que trabajaba, con la frecuencia del lavado de manos de los compañeros médicos y estudiantes de medicina del mismo hospital.

A los 28 años, Ignaz Semmelweis fue nombrado asistente de la primera clínica ginecológica del gran hospital general de Viena Allgemeines KrankenHans. Esta en su tiempo prestigiosa clínica vienesa, era una de las elegidas por numerosos estudiantes de medicina de diferentes países europeos para realizar las prácticas de final de carrera.

Semmelweis observó la gran cantidad de mujeres que fallecían a causa de la fiebre, provocando la muerte de un 10-35 % de las parturientas. Semmelweis, en el año 1847, propuso lavarse cuidadosamente las manos con una solución de hipoclorito cálcico cuando él trabajaba en la Primera Clínica Obstétrica (Clínica I) del Hospital General de Viena, donde la mortalidad entre las pacientes hospitalizadas en la sala atendida por obstetras (Clínica I), era de tres a cinco veces más alta que en la sala atendida por matronas (Clínica II). La Primera Clínica era el servicio de enseñanza para estudiantes de medicina; la Segunda Clínica había sido seleccionada en 1841 solo para instrucción de comadronas. Conmovido por lo que observaba, empezó a recopilar información, a cuantificar datos y reflexionar sobre lo que estudiaba. Comenzó a apreciar diferencias en las frecuencias de presentación de la enfermedad entre las dos salas de maternidad existentes y concluyó, luego de grandes esfuerzos y búsquedas, con la elaboración de un nuevo concepto: existía una «materia cadavérica» que era transportada por las manos de los médicos y estudiantes que tenían a su cargo la atención de las madres en trabajo de parto en la Clínica y generaba en ellas la fatal enfermedad.

Propuso el uso de soluciones con cloro para el lavado de manos de los médicos y estudiantes de medicina, antes y después de atender y examinar a sus pacientes. Esta medida se inició a mediados de mayo de 1847.

Minuciosamente anotó durante temporadas el comportamiento de las muertes y descubrió que, con la simple medida del lavado de manos, éstas disminuyeron extraordinariamente. Consultó los archivos y registros del hospital de maternidad de Viena desde su apertura en 1784 hasta 1848.

  1. Elaboró tablas con los datos de partos, defunciones, y tasas de mortalidad para esos años;
  2. Registró enormes diferencias en las tasas de mortalidad, por ejemplo, del 12,11% en 1842 contra el 1,28% en 1848;

Comprobó el efecto fatal de la atención obstétrica por parte de los estudiantes de medicina, estudiantes que provenían de hacer autopsias y prácticas con cadáveres, en comparación con las tasas menores de mortalidad entre las pacientes asignadas a las matronas en la Clínica 2, quienes no tenían contacto con los estudios anatómicos en cadáveres.

Por parte de la sociedad científica responsable de analizar el problema, se daban razones de lo más dispares, desde la muerte por la angustia que causaba el sonido de la campanilla del monaguillo que precedía al sacerdote, cuando éste se dirigía allá para administrar los sacramentos a las moribundas, la vergüenza que sentían las mujeres ante los estudiantes, hasta la mala ventilación.

Semmelweis era consciente del absurdo de esas interpretaciones, pero no así cuál era la causa que producía la fiebre puerperal. Todo cambió con la muerte de un amigo y colega suyo del hospital, que durante la realización de una autopsia en una de las clases que impartía, un alumno lo hirió con el bisturí en un dedo.

Observó que los síntomas que observaba eran los mismos que los de las mujeres fallecidas por la fiebre y que los hallazgos de su necropsia fueron, en todo, similares. Semmelweis defendió con vigor su descubrimiento y la salud de sus pacientes, “hay que terminar con la matanza “, escribió.

” Una vez que se identificó la causa de la mayor mortalidad de la primera clínica como las partículas de cadáveres adheridas a las manos de los examinadores, fue fácil explicar el motivo por el cual las mujeres que dieron a la luz en la calle tenían una tasa notablemente más baja de mortalidad que las que dieron a luz en la clínica… «.

  • Se dio cuenta de que estas partículas cadavéricas entraban por el torrente sanguíneo de la persona afectada y que podía afectar no sólo a las mujeres que habían dado a luz, sino que también afectaba a las embarazadas y a sus propios hijos recién nacidos;

Sus observaciones no fueron tenidas en consideración, siendo incluso amenazado por sus propios compañeros. Los datos eran incontrovertibles: las tasas de mortalidad de fiebre puerperal para la Primera Clínica en la Institución de Maternidad de Viena cayeron notablemente cuando Semmelweis implementó el lavado de manos a mediados de mayo de 1847. Claramente, estaba culpando a los propios médicos y estudiantes de medicina de estas muertes, era un insulto para la imagen de los médicos. Les estaba llamando asesinos, llegaron a decir. Incluso su propio jefe, el Profesor Klein, estuvo en contra de él y prohibió esta medida sanitaria, relevando del cargo a Semmelweis en 1849 y dejando a Braun, quien creía que todo era problema de mala ventilación.

¿Por qué se lavan las manos antes de dar a luz?

Una batalla perdida – En 1847, Semmelweis propuso a sus colegas lavarse las manos antes de atender a las pacientes en el hospital obstétrico de Viena donde ejercía, ya que las cifras de muertes de mujeres que acababan de dar a luz eran aterradoras. Pero a pesar de demostrar la eficacia de su método, ya que las muertes disminuían drásticamente tras un minucioso lavado de manos, sus ideas fueron denostadas por sus colegas, que lo tildaron de loco y de charlatán.

  • Además, jamás le perdonaron que de algún modo los acusara de ser los responsables de la muerte de sus pacientes;
  • A pesar de demostrar la eficacia de su método, sus ideas fueron denostadas por sus colegas, quienes le tacharon de ser un loco y un charlatán;

Al final, fue despedido y años después cayó en una profunda depresión. Se dio a la bebida, y su comportamiento errático preocupó a sus allegados y a su esposa, que creyeron que estaba perdiendo la razón (se ha dicho que tal vez padecía de demencia precoz o Alzheimer).

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