Cual Es El Deber De Un Medico?

Cual Es El Deber De Un Medico
DEBERES DE LOS MÉDICOS EN GENERAL –

EL MEDICO siempre DEBE aplicar su opinión profesional independiente y mantener el más alto nivel de conducta profesional.
EL MEDICO DEBE respetar el derecho del paciente competente a aceptar o rechazar un tratamiento.
EL MEDICO NO DEBE permitir que su opinión sea influenciada por beneficio personal o discriminación injusta.
EL MEDICO DEBE dedicarse a proporcionar un servicio médico competente, con plena independencia profesional y moral, con compasión y respeto por la dignidad humana.
EL MEDICO DEBE tratar con honestidad a pacientes y colegas, e informar a las autoridades apropiadas sobre los médicos que practiquen en forma antiética e incompetente o a los que incurran en fraude o engaño.
EL MEDICO NO DEBE recibir ningún beneficio financiero ni otros incentivos sólo por derivar pacientes o prescribir productos específicos.
EL MEDICO DEBE respetar los derechos y preferencias del paciente, de los colegas y de otros profesionales de la salud.
EL MEDICO DEBE reconocer su importante función en la educación de la opinión pública, pero debe obrar con la debida cautela al divulgar descubrimientos o nuevas técnicas, o tratamientos a través de canales no profesionales.
EL MEDICO DEBE certificar sólo lo que ha verificado personalmente.
EL MEDICO DEBE esforzarse por utilizar los recursos de salud de la mejor manera para beneficio de los pacientes y su comunidad.
EL MEDICO DEBE buscar atención y cuidados apropiadas si sufre una enfermedad mental o física.
EL MEDICO DEBE respetar los códigos de ética locales y nacionales.

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¿Qué debe hacer un buen doctor?

¿Qué es la responsabilidad ética en medicina?

La responsabilidad ética en el ejercicio de la medicina es, en esencia, un compromiso de conciencia, personal, que adquiere el mtiico con su paciente o con la sociedad. Busca apasionadamente el bien de los confiados a su cargo, con todas las posibilidades de error que una actividad como la nuestra puede ocasionar.

¿Cuáles son las habilidades de un doctor?

¿Qué es lo que no debe hacer un doctor?

¿Como debería actuar el profesional médico por qué?

La medicina goza de muy buen prestigio y es muy demandada en todo el mundo; sin embargo, no todos médico sabe como actuar correctamente. De acuerdo con la Comisión Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos para la Salud ( CIFRHS ), en 2016, alrededor de 63 mil aspirantes realizaron el Examen Nacional   para Aspirantes a Residencias Médicas ( ENARM ), de los cuales sólo pudieron conseguir un lugar 7 mil 240 personas.

  • Un buen médico debe ser responsable , competente y actualizar constantemente sus conocimientos y habilidades. Además, debe establecer una excelente comunicación con sus colegas.
  • Un profesional de la salud trabaja en equipo con sus pacientes y respeta sus derechos a la intimidad y dignidad.
  • Sabe que cada paciente es un ser único y hace lo posible para ofrecerle una buena atención.
  • Un buen médico desarrolla una actitud compasiva durante el cuidado de sus pacientes. Procura su bienestar y lo acompaña a lo largo de todo el proceso del tratamiento.
  • Demuestra su sinceridad al exponer su ámbito de competencia, su experiencia y sus aptitudes.
  • No da a conocer sus creencias religiosas, convicciones políticas o morales con el objetivo de influir en sus pacientes.
  • Protege la información de sus pacientes respetando el marco legal y ético que la profesión establece.
  • Es honrado y sincero con sus pacientes cuando ocurren complicaciones, errores o accidentes que pongan en peligro sus vidas.

¿Por qué ser médico es un compromiso personal?

Sergio Daniel Butman. Médico especialista en Emergentología y Clínica Médica –

  • ¿Qué significa ser médico para usted?
  • En primer lugar, ser médico implica estar comprometido con el otro. Para poder brindar esa ayuda al paciente, debemos entender su historia de vida y su contexto, de manera que cada atención sólo puede ser exitosa si es personalizada y sólo de esta forma podríamos enfocar globalmente lo que le pasa a nuestro paciente.
  • Ser médico hoy es responder a la desigualdad. Décadas atrás se hablaba de salud para todos en el año 2000, la realidad muestra una gran desigualdad social y de acceso a la salud. Debemos estar comprometidos para que el conjunto de la población tenga acceso a una salud pública gratuita y de alta calidad.
  • Ser médico hoy es ponerse en el lugar del otro, sólo de esa manera actuaremos de acuerdo a lo que el paciente espera y necesita. Ser médico hoy es comprender que debemos realizar el trabajo en equipo y de manera interdisciplinaria.
  • Ser médico hoy es realizar capacitación continua para lograr la excelencia profesional. Ser médico hoy no solo es  cuidar, es también  cuidarse. Así como nos brindamos a nuestros pacientes, debemos cuidarnos evitando el desgaste profesional.
  • ¿Qué desafíos ve para el año que viene?
  • En el próximo año, esperemos que la salud pública tome un lugar de mayor peso junto a que  las condiciones sociales de la población progresen  para que  mejore sus condiciones de vida. Las condiciones de trabajo  de los profesionales de la salud deben ser tomadas en cuenta para realizar un cambio sustancial en ellas , que permitan realizar el trabajo en forma digna y adecuadamente remunerada, tanto para los médicos en formación como los residentes y concurrentes como el resto de la planta médica así como también para el personal de enfermería ,siendo  una tarea prioritaria a realizar.

¿Qué significa la palabra médico?

EL TÉRMINO CONCEPTO MÉDICO HACE ALUSIÓN AL QUE REALIZA EL MÉDICO SOBRE UNA PERSONA EN RELACIÓN CON SU ESTADO DE SALUD.

¿Cuál es la responsabilidad social del médico en los tiempos actuales?

El médico también tiene una responsabilidad social, es decir, está obligado a responder ante los demás, en virtud de que su actuación u omisión necesariamente tiene determinadas implicaciones en su entorno, en las demás personas con las que se relaciona.

¿Cuáles son los valores que debe tener un médico?

La formación en ética y valores en las facultades de medicina Training in ethics and values in medical schools Emilio José Sanz Catedrático de Farmacología Clínica. Decano de la Facultad de Medicina. Universidad de La Laguna E-mail: [email protected] com La labor de las facultades de medicina en la formación de los futuros profesionales no puede referirse exclusivamente a la transmisión de conocimientos teóricos y habilidades prácticas, sino que además debe ir dirigida a la formación integral de las personas que luego ejercerán la medicina.

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Es necesario que tras la formación universitaria un médico sepa medicina, sepa ejercer la medicina y que sea un profesional médico (a lo largo del documento me referiré a los profesionales médicos utilizando la forma neutra del sustantivo médico, por lo que me aludiré, en todos los casos, indistintamente a los médicos y las médicas).

Esta orientación ha estado poco presente en el currículo objetivo de los planes de estudios anteriores a la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), aunque constituyese, a través del buen y el mal ejemplo, una parte del currículo oculto.

  1. En los nuevos planes de grado se han incorporado algunas materias (aunque en formato y duración limitadas) que dedican créditos a la promoción de valores y a la enseñanza de la ética profesional;
  2. Sin embargo, antes de comprobar si estos nuevos desarrollos curriculares son adecuados es necesario reflexionar sobre cuáles son esos valores y cómo debe ser el médico del futuro;

Para ello me referiré a la monografía El médico del futuro [1], publicada por la Fundación Educación Médica. En esa monografía se identifican valores esenciales que deben compartir todos los profesionales y que deberían ser objeto del desarrollo de las competencias educativas de los estudiantes de medicina.

Se pretende formar a un médico: – Que trate enfermos, no enfermedades. – Con actitud crítica. – Comunicador y empático. – Responsable individual y socialmente. – Que tome buenas decisiones para el paciente y para el sistema.

– Líder del equipo asistencial. – Competente, efectivo y seguro. – Honrado y confiable. – Comprometido con el paciente y la organización. – Que viva los valores del profesionalismo. Es evidente que este tipo de competencias, morales, éticas y personales, no pueden fácilmente enseñarse mediante clases magistrales o evaluarse mediante exámenes de respuesta múltiple.

Exigen un cambio de paradigma educativo, para el que estamos pobremente preparados. En este sentido, los propios estudiantes de medicina han tomado la delantera. En la Guía de recomendaciones éticas para las prácticas clínicas , preparada por el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM, www.

ceem. org. es ), especifican con rigor, claridad y sencillez las cualidades, las actitudes, el comportamiento y la relación con los pacientes que debe mostrar todo estudiante. La lectura cuidadosa de la guía debe orientar la acción dirigida a la educación en ética y valores en las facultades de medicina.

Al final de ese documento, los estudiantes acaban recordando: ‘El alumno deberá integrar la ética como parte activa y sobresaliente de su formación para obtener una cultura de responsabilidad, respeto y honestidad’, y concluyen diciendo: ‘Nadie podrá llamarse buen médico sin antes haber demostrado que es un médico bueno’.

Los párrafos anteriores nos orientan hacia el objetivo docente de esta tarea irrenunciable de las facultades de medicina, pero la pregunta que surge es: ¿se pueden enseñar valores en una enseñanza reglada o este tipo de formación sólo se puede obtener por imitación viendo los modelos en las prácticas clínicas? Realmente existen evidencias de que el modelo actual no asegura la formación en valores y ética.

Aunque el refrán sostiene que fray ejemplo es el mejor predicador, asistimos a una presencia muy frecuente de comportamientos poco ejemplares: medicina defensiva, reacciones burn-out , conflictos de intereses profesionales, etc.

De hecho, en varios estudios realizados en otros países se constata una pérdida de valores en el estudiante conforme pasa más tiempo en la facultad y en la residencia de posgrado. Por otra parte, hay evidencias publicadas desde hace años de que la incorporación de sistemas de formación sobre ética médica en los currículos, tanto en forma de clases magistrales como de discusión de casos, aumenta el nivel del razonamiento moral de los estudiantes [2].

  • En la literatura anglosajona hay un cuerpo importante de doctrina que evalúa el progreso moral de los estudiantes de medicina (y otras profesiones sanitarias), y donde se ha comprobado la posible existencia de ‘currículos ocultos’ en la estructura de la educación médica que inhibe, más que facilita, el desarrollo del progreso moral de los estudiantes;

Algunos de estos primeros estudios de campo sugirieron que existe una tendencia negativa en el progreso ético durante la carrera de medicina, con una decreciente sensibilidad moral y una involución de la capacidad para el razonamiento moral [3]. Para ello se han utilizado escalas que miden los estadios de desarrollo moral de Kohlberg ( Moral Judgment Interview ), distinguiendo entre la ‘moralidad preconvencional’ (basada en las consecuencias fácticas de nuestras acciones), la ‘moralidad convencional’ (donde predomina el hecho de atenerse a las normas morales y legales) y la ‘moralidad posconvencional’ (en la que las virtudes y principios éticos universales o particulares son asumidos como propios).

Estudios similares se han venido publicado desde entonces en varios países. En 2011 Hren et al [4] mostraron en una facultad de medicina croata cómo los estudiantes experimentaron un retroceso desde un estadio posconvencional a uno convencional tras pasar a la parte clínica de sus estudios, comparando además con un grupo control de la misma edad que no tenía estudios universitarios.

Y mantienen una relación causal entre este retroceso moral y la docencia clínica, en la que pueden influir la organización jerárquica de los servicios clínicos, la naturaleza de los dilemas morales a los que se enfrentan los alumnos y el currículo oculto que subyace en las prácticas.

  • Otros estudios sugieren que muchos estudiantes de medicina, que deberían estar en esa transición, muestran muy pocos cambios en su desarrollo moral;
  • Posiblemente esto está relacionado con la percepción de las presiones para adaptarse a la ‘cultura informal’ de los servicios médicos;

Muchos estudiantes perciben una ‘disidencia’ interna considerable al intentar acomodar los valores personales relacionados con la empatía, el cuidado y la compasión en sus prácticas clínicas [5]. La bibliografía es abundante. Self y Baldwin observan una disminución de la capacidad para el razonamiento moral entre el primero y el último curso de Medicina [6] y también una detención, durante la carrera, del desarrollo moral esperado para la edad y el nivel educacional de los estudiantes [7].

Este tipo de hallazgos han sido refrendados por más autores, que también sugieren una disminución de la conducta moral a lo largo de la carrera de medicina, de forma que los estudiantes de los últimos años son más tolerantes con las faltas de ética que los estudiantes menos avanzados [8], o la percepción de una ‘erosión ética’; un 62% de los estudiantes analizados por Feudtner et al [9] reconoce que sus principios morales han resultado erosionados o perdidos durante la carrera.

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Hicks et al [10] analizaron qué tipo de dilemas éticos se presentan a los estudiantes de medicina. En su trabajo reconocen que hasta un 47% se sintió presionado para actuar incorrectamente y un 62% observó a su instructor actuar incorrectamente. Por ejemplo, en situaciones en las que se plantea un conflicto entre la enseñanza y la atención al paciente (exámenes médicos sin consentimiento, prácticas invasivas con el solo fin de enseñar/practicar, visitas innecesarias, falta de confidencialidad, etc.

), la asignación de responsabilidades que los estudiantes no podían llevar a cabo (control prenatal sin supervisión, curaciones no supervisadas, etc. ) o una atención médica subestándar (falta de consentimiento, curaciones sin los medios apropiados, falta de tratamiento del dolor, etc.

De hecho, los estudiantes reconocieron que muchas veces los hechos observados contradecían el discurso explícito. Y es que, como reflexiona Coles (de la Universidad de Harvard) [11], habitualmente proponemos el razonamiento complejo, la reflexión independiente, pero luego les hacemos exámenes de respuesta múltiple en donde se premia la retención de información en crudo, en donde los detalles más abstrusos son los que más probabilidades tienen de ser preguntados.

Predicamos el trabajo en equipo, pero premiamos la competencia entre estudiantes. Otras veces los estudiantes ven en su escuela y en sus profesores individualismo; autoritarismo; competencia feroz por el dinero, el prestigio, las posiciones de poder; mecanicismo; eficientismo; evitación del riesgo legal; complacencia o intercambios de favores con la industria farmacéutica y electromédica.

Los anteriores trabajos sustentan la idea de que la mera transmisión por ósmosis o por la experiencia clínica de los mentores no parece ser la forma más adecuada de trasmitir esos valores que hemos identificado como sustanciales. De hecho, los estudiantes (y los profesionales, de una forma más profunda, pero quizá menos consciente) se encuentran ante expectativas y mensajes contradictorios a la confrontación entre la moralidad ‘expresada’ y la moralidad ‘presentada’ ( Tabla ). Tras este repaso a las evidencias publicadas, parece necesario proponer una forma estructurada y bien organizada para trasladar un currículo explícito a los estudiantes de medicina. Se puede afirmar que las facultades de medicina tienen una responsabilidad en la formación en valores, ética y profesionalismo que no pueden obviar. Es una responsabilidad cualificada si queremos formar médicos competentes y buenos. La Orden ECI/332/2008, de 13 de febrero, ‘Por la que se establecen los requisitos para la verificación de los títulos universitarios oficiales que habiliten para el ejercicio de la profesión de médico’, implanta un módulo II que debe contener aspectos de ‘Medicina social, habilidades de comunicación e iniciación a la investigación’ y donde se especifica que deben contemplarse contenidos para ‘Conocer los fundamentos de la ética médica.

  1. Bioética;
  2. Resolver conflictos éticos;
  3. Aplicar los valores profesionales de excelencia, altruismo, sentido del deber, responsabilidad, integridad y honestidad al ejercicio de la profesión;
  4. Reconocer la necesidad de mantener la competencia profesional;

Saber abordar la práctica profesional respetando la autonomía del paciente, sus creencias y cultura’. Esta directriz se ha plasmado en una gran variedad de nuevas asignaturas en los diferentes nuevos programas de grado, en las que, al menos formalmente, se han integrado estos conocimientos.

Sin embargo, este módulo está generalmente minusvalorado y se presentan frecuentemente quejas sistemáticas por los créditos dedicados a ética, comunicación, sociología/antropología, profesionalismo, etc.

Por otra parte, estos pocos créditos suelen estar confinados en los primeros cursos de la carrera y alejados de las prácticas clínicas. Muchos profesores de las facultades siguen insistiendo en que estas competencias ‘no se deben enseñar en una asignatura’, muchas veces con la no tan secreta intención de utilizar esos créditos para aumentar los dedicados a su propia materia.

Y de alguna manera la pregunta es pertinente: ¿se puede enseñar ética médica y valores morales y profesionales en clase? ¿Se deben centrar estas materias en la explicación de teorías éticas actualmente vigentes o se deben limitar a la enseñanza de las leyes y normas (códigos, declaraciones, etc.

) pertinentes? ¿Se trata, acaso, de enseñar técnicas de resolución de conflictos? Algunas personas podrían valorar que la enseñanza y la formación en valores pueden estar más cerca del adoctrinamiento. ¿Cómo separar la formación en valores de la formación en los aspectos legales de la medicina, el repaso del código deontológico o la iniciación al corpus de la bioética? Al final el objetivo no debe ser memorizar más datos y comprender las repercusiones legales de la actuación médica (para lo que suelen mantenerse los contenidos clásicos de la medicina legal).

  • Se trata, en definitiva, de enseñar a pensar;
  • Y eso no se puede trasmitir (sólo) por ‘lecciones magistrales’, requiere la participación activa del estudiante;
  • La bioética debe abordarse desde los fundamentos y las principales teorías éticas, resaltando los procedimientos para la toma de decisiones, haciendo hincapié en los valores clásicos de la medicina (muy bien recogidos, por cierto, en la Guía de recomendaciones éticas para las prácticas clínicas del CEEM) y entrenando la asunción personal de criterios morales, a ser posible en un estadio posconvencional de la clasificación de Kohlberg;

Y la evaluación debería realizarse respetando los criterios personales de los alumnos, pero exigiendo la coherencia y la profundidad en el análisis. Es difícil implementar un programa de calidad adecuada en las facultades de medicina por las dificultades ya mencionadas, pero las experiencias de éxito han supuesto siempre una mayor implicación del alumno en el desarrollo de este tipo de docencia.

La dificultad de su localización en los primeros cursos de la carrera se puede ver compensada por la mejor disposición de esos alumnos, y un idealismo todavía no mediatizado por el medio en el que se van a desenvolver.

La utilización de portafolios, páginas wiki, trabajos de los alumnos, películas relacionadas con aspectos de la bioética, etc. , hacen que la predisposición de los alumnos sea mucho mejor, y el aprovechamiento, excelente. Se requiere, en definitiva, asegurar una actitud activa del estudiante de pregrado, una actitud reflexiva del propio alumno.

  1. Una dificultad añadida es encontrar docentes adecuados para esta materia;
  2. Frecuentemente se han hecho cargo de esta enseñanza profesores de medicina legal o historia de la medicina;
  3. Sin embargo, ésta debería ser un área trasversal en la que cupieran todos los docentes de la facultad, y en especial los que tienen una labor clínica;
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Afortunadamente, cada vez es más frecuente contar con profesionales formados en este ámbito en alguno de los múltiples programas de posgrado que existen sobre bioética y materias afines. Las áreas de conocimiento asignadas a esta docencia no deberían ser restrictivas, sino abiertas, y, en muchas ocasiones, adaptadas a personas con formación e interés para ello.

Son programas, además, en los que es posible y muy conveniente contar con otros profesionales, no necesariamente profesores contratados por la universidad, pero que pueden colaborar puntualmente en estas materias.

Se trata de encontrar a las personas idóneas. Un programa longitudinal de ética debería procurar generar sensibilidad y habilidades morales, expandir el horizonte intelectual de los estudiantes, inculcar conocimientos y categorías éticas, enseñar procedimientos para la toma de decisiones morales, mostrar la ética clínica en contexto y en tiempo real y promover una visión crítica de la medicina actual.

Si bien la situación actual es confusa y nos encontramos en la fase inicial de la implantación de estas enseñanzas, también se trata de un momento de oportunidades. Tras un análisis de la situación real de la enseñanza de la bioética y los valores en las facultades de medicina, se puede intentar coordinar programas y generar materiales educativos comunes.

En cualquier caso, cualquier actividad docente en esta área será mejor que la dejación mayoritaria que se ha venido observando hasta los (pen)últimos planes de estudio. Otras posibles tablas, tomadas de la Guía de recomendaciones éticas para las prácticas clínicas del CEEM, son las siguientes: – De las cualidades que debe presentar un estudiante de medicina: • Amor a la profesión.

• Respeto. • Empatía. • Humildad. • Responsabilidad. • Prudencia. • Calidez. • Profesionalidad. • Capacidad comunicativa. • Ser ejemplar. – De las actitudes de los estudiantes en sus prácticas clínicas: • Participación activa en todas las actividades relacionadas con el proceso de formación, con exigencia y sentido de la responsabilidad.

• Desarrollo personal. • Respetar a los profesores, médicos y a otros profesionales sanitarios que colaboran en el proceso de entrenamiento clínico. • Identificar situaciones que implican algún conflicto ético durante las prácticas clínicas. • Cultivar la sensibilidad ética personal, sin dejarse influir por un entorno desfavorable.

• Colaborar con los compañeros estudiantes de medicina, tanto en lo relativo a la actualización de conocimientos como en lo relacionado con la ética personal. • No discriminar a ningún paciente. • Actitud si el estudiante padece una enfermedad transmisible.

– Del comportamiento del estudiante en las prácticas clínicas: • Puntualidad. • Identificación. • Respeto de las normas generales y específicas de cada servicio. • El estudiante debe asumir el comportamiento correcto que se espera del personal sanitario en sus relaciones con los enfermos.

  1. • El estudiante debe saber escuchar y ser respetuoso en su trato con el paciente, sus familiares y los miembros del equipo asistencial;
  2. • Debe tratar de manera respetuosa a todo el personal del hospital;

• Uso responsable de los recursos. – De la relación (del estudiante) con el paciente en sus prácticas clínicas: • Ha de quedar siempre claro que la participación de los pacientes en las actividades docentes es voluntaria. • Se debe obtener un consentimiento explícito verbal de los pacientes antes de realizarles una historia clínica, una exploración física o un procedimiento terapéutico sencillo.

  1. • Hay que reflexionar y valorar si es oportuna o no una exploración, buscando siempre el beneficio del paciente;
  2. • El estudiante debe aprender a respetar el derecho de los pacientes a tomar decisiones sobre su tratamiento;

• No hay que coaccionar ni presionar a ningún paciente con el fin de lograr algún beneficio propio. • Se ha de respetar la intimidad del paciente durante las actividades docentes. • El derecho a la confidencialidad. • El alumno no está autorizado a informar a los familiares o amigos de los pacientes acerca de lo que sabe sobre éste.

  • • Sólo se puede acceder a la historia clínica de la institución sanitaria por razones asistenciales, docentes o de investigación;
  • Bibliografía 1;
  • Gual A, Pardell H, coords;
  • El médico del futuro;
  • Barcelona: Fundación Educación Médica; 2009;

Self DJ, Wolinsky FD, Baldwin DC Jr. The effect of teaching medical ethics on medical students’ moral reasoning. Acad Med 1989; 64: 755-9. Patenaude J, Niyonsenga T, Fafard D. Changes in students’ moral development during medical school: a cohort study. CMAJ 2003; 168: 840-4.

Hren D, Marusic M, Marusic A. Regression of moral reasoning during medical education: combined design study to evaluate the effect of clinical study years. PLoS One 2011; 6: e17406. Branch WT Jr. Supporting the moral development of medical students.

J Gen Intern Med 2000; 15: 503-8. Self DJ, Schrader DE, Baldwin DC Jr, Wolinsky FD. The moral development of medical students: a pilot study of the possible influence of medical education. Med Educ 1993; 27: 26-34. Self DJ, Baldwin DC Jr. Does medical education inhibit the development of moral reasoning in medical students? A cross-sectional study.

Acad Med 1998; 73 (10 Suppl): S91-3. Simpson DE, Yindra KJ, Towne JB, Rosenfeld PS. Medical students’ perceptions of cheating. Acad Med 1989; 64: 221-2. Feudtner C, Christakis DA, Christakis NA. Do clinical clerks suffer ethical erosion? Students’ perceptions of their ethical environment and personal development.

Acad Med 1994; 69: 670-9. 10. Hicks LK, Lin Y, Robertson DW, Robinson DL, Woodrow SI. Understanding the clinical dilemmas that shape medical students’ ethical development: questionnaire survey and focus group study. BMJ 2001; 322: 709-10. 11. Coles R. The moral education of medical students.

¿Qué necesita un doctor para trabajar?

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