Uso inadecuado de antibióticos

El uso inadecuado de antibióticos es un problema mundial de una gran importancia por los efectos perjudiciales que conlleva, principalmente la resistencia antibiótica. Es decir, la incapacidad de un medicamento para producir el efecto buscado: destruir el germen y curar una infección.

A diferencia de lo que los pacientes creen, un 80% de los cuadros de infección común de las vías respiratorias son de origen viral y no requieren ningún antibiótico. Algo frecuente que hacen las personas con dolor de garganta, tos o fiebre es tomar amoxicilina. Lo cierto es que, ante la presencia de estos síntomas, lo más acertado sería no tomar más que medicamentos que mejoren el cuadro o bajen la fiebre. Además, al tomar un antibiótico se pierde la oportunidad de realizar un cultivo como el de sangre u orina, lo cual es trascendente para identificar la bacteria que provoca la enfermedad.

Los antibióticos no son inocuos en lo más mínimo. Pueden generar efectos adversos como diarreas, problemas en los riñones, alergias y gastritis, entre otros. La resistencia antibiótica se produce cuando el
medicamento se administra en forma errónea por lo que los microorganismos aprenden a evitar el efecto farmacológico y se transmiten la información entre ellos. Además se altera la flora bacteriana normal de
la piel y el intestino, dando el lugar a que se desarrollen hongos llamados oportunistas.

Un destacado infectólogo dice que el uso inadecuado de antibióticos es una “catástrofe ecológica”. Por ello, tanto los médicos como los pacientes debemos ser responsables y utilizarlos sólo cuando están estrictamente indicados, en la dosis y el tiempo necesarios.

Por Dr. Alejandro Spagnolo