William Osler: sus enseñanzas y legado

William Osler: sus enseñanzas y legado

Por el Dr. Alejandro Spagnolo

“La medicina es una ciencia de probabilidades y un arte de manejar la incertidumbre”

Sir William Osler

El Dr. William Osler fue un internista erudito y brillante, agudo observador y descriptor de enfermedades. Dichas cualidades determinaron su excelencia como profesor universitario. Cultivó una estrecha cercanía con los estudiantes debido a la calidez y encanto de su personalidad. Publicó unos 1.500 trabajos entre artículos, monografías y libros, siendo la mayor contribución a la literatura médica el texto The Principles and Practice of Medicine en el año 1892, el cual tuvo una repercusión extraordinaria durante varias décadas. Su legado fue la enseñanza al lado del paciente, una novedosa currícula de medicina, la promoción de la investigación, el conocimiento del humanismo y el amor a la medicina interna.

Nació el 12 de julio de 1849 en Canadá, fruto de un matrimonio de padres galeses que habían viajado desde Inglaterra como misioneros anglicanos. A los 21 años comenzó a estudiar en la Escuela de Medicina de Toronto y se recibió dos años después en la Universidad de McGill en Montreal. Luego viajó a Londres, Berlín y Viena donde llevó a cabo su formación clínica en diversos hospitales de esas ciudades europeas. A su regreso a Canadá comenzó a trabajar como docente en la Universidad de McGill. En 1884, con 35 años de edad, se establece en Estados Unidos de América para trabajar en la Universidad de Pennsylvania (Filadelfia) y en 1889 fue contratado por la Universidad Johns Hopkins como profesor y jefe de servicio de Medicina Interna del mismo hospital. Finalmente, en 1904 se trasladó a Inglaterra donde fue nombrado Profesor en la Universidad de Oxford. En 1911 recibió una condecoración de la Corona Británica con el título de Sir por sus grandes contribuciones en el área de la medicina.

En la esfera académica se incluyen investigaciones sobre numerosas enfermedades, postulando hipótesis sobre su probable patogenia y realizando descripciones sobre diversos signos y cuadros clínicos. Fue un férreo defensor de la autopsia como medio para aprender de los errores de diagnóstico. 
Además, como resultado de tan vasta experiencia, implementó la modalidad de la enseñanza al lado de la cama del paciente en la currícula de medicina.

Entendía a la medicina como un todo, indisoluble de la cultura y el humanismo. Estaba profundamente interesado en la historia de la medicina, motivo por el cual escribió diversos libros sobre este tópico. Sin embargo, uno de gran trascendencia fue Aequanimitas, en el que se recogen valiosas recomendaciones para los médicos. Así lo describía con sus propias palabras: “Aequanimitas es la calma, la serenidad, la ecuanimidad y la transparencia que debe tener un profesional ante cualquier adversidad del acto médico”.

En sus recorridas de sala plasmó toda su sabiduría a través de esas sentencias propuestas como pautas en una ciencia o arte, llamadas aforismos. Uno de éstos deberíamos tenerlo muy en cuenta en nuestra práctica diaria:“Los médicos buenos tratan enfermedades, los médicos excelentes tratan a los pacientes que tienen enfermedades”.

Un capítulo aparte merece el libro The Principles and Practice of Medicine, escrito entre 1890 y 1892, el cual es considerado como una referencia indiscutida por dos generaciones de médicos. Debido a la ayuda asistencial brindada por colegas del Hospital Johns Hopkins y a que sus obligaciones académicas eran reducidas al no encontrarse funcionando la Escuela de Medicina homónima pudo escribirlo en un corto tiempo. El texto introdujo un sistema para la descripción de enfermedades que aún se utiliza actualmente. Esta obra no solo fue una importante influencia en la formación de los estudiantes de medicina, sino que desempeñó un papel decisivo al dirigir la actividad filantrópica de John D. Rockefeller hacia la educación e investigación médica y la Salud Pública.

Murió en 1919 por una afección pulmonar y sus cenizas reposan en la biblioteca de la Universidad de McGill. Con una humildad poco habitual, loúnico que deseaba era ser recordado como un médico que enseñó a sus alumnos en la sala de un hospital.

Al recorrer la fructífera vida de este hombre sobresaliente, uno puede entender a los maestros médicos contemporáneos de nuestro país que intentaron perseguir el mismo sendero profesional, académico y humano. Basta con nombrar solo unos pocos como Alfredo Lanari en la ciudad de Buenos Aires, y David Staffieri, Héctor Alonso y Alcides Greca en la cercana Rosario. Valga un sincero reconocimiento para éstos y otros tantos que nos sirven de ejemplo y nos marcan un rumbo a seguir. Por este motivo, con aciertos y errores, todo médico tiene la responsabilidad de enaltecer la medicina con esfuerzo, responsabilidad y empatía para con los pacientes. Es la mejor manera de rendir un homenaje a esos colegas que a través de sus pensamientos y acciones han elevado nuestra profesión a lo más alto.

– Young P, Finn B, Bruetman J, Emery J, Buzzi A. “William Osler: el hombre y sus descripciones”. Rev Med Chile 2012; 140: 1218-1227.

– Buzzi, A. “Historia del Tratado de Medicina Interna de William Osler”. Medicina (Buenos Aires) 2005; 65: 465-470.