La Medicina en la Cuarta Revolución Industrial

La Medicina en la Cuarta Revolución Industrial

Por el Dr. Alejandro Spagnolo

Haciendo un poco de historia, sabemos que la primera revolución industrial (de 1760 a 1840) marcó el comienzo de la producción mecánica con la invención del ferrocarril y el motor a vapor. La segunda revolución industrial (1880 a 1920) desarrolló la producción en masa debido a la aparición de la electricidad y la cadena de montaje. La tercera revolución se inicia en la década del 60 y se caracteriza por el comienzo de la era digital con la informática personal e internet como sus principales hitos. Por último, actualmente estamos transitando la cuarta revolución industrial, la que se caracteriza por una tecnología más sofisticada, integrada y personalizada. Sus verdaderos efectos, tanto los beneficiosos como los
nocivos, todavía no dejan verse en toda su dimensión.

Dentro de este marco tecnológico nos encontramos con la llamada telemedicina que, según la Organización Mundial de la Salud, es la práctica de la atención médica con la ayuda de comunicaciones interactivas para el diagnóstico, tratamiento, prevención, investigación y educación médica continua a distancia. Una institución a nivel nacional que ha sido pionera en este aspecto es el Hospital de Pediatría Garrahan, el cual lleva adelante un programa en el cual otros hospitales del país que forman parte de este proyecto pueden acceder a consultas con profesionales de este prestigioso centro de salud pediátrica, evitando derivaciones o traslados innecesarios. Es importante destacar que en dicho proceso de atención siempre existe un médico junto al paciente, es decir, que constituye una herramienta útil entre profesionales del equipo de salud, pero no entre profesionales y pacientes.

Hoy en día el sector de la salud, tanto público como privado, afronta dos exigencias. Por un lado deben brindarse servicios equitativos y de calidad, y por otro, debe controlarse que los costos no aumenten. Es en este difícil contexto que la telemedicina viene a intentar constituir una estrategia válida, optimizando recursos que por lo general son limitados.

Sin embargo, como todo recurso tecnológico, debería ser utilizado con precaución, particularmente teniendo en cuenta que lo que está en juego es nada menos que nuestra salud. Existen situaciones que pueden llevar a errores más frecuentemente como es el caso de una enfermedad aguda grave, que por fortuna no suele ser lo más habitual en la consulta diaria. En otros casos, con mayor certeza, la telemedicina proporcionaría una herramienta más eficiente y segura como sería una enfermedad de baja complejidad, el control de enfermedades crónicas de pacientes conocidos y una segunda consulta de una patología aguda si la evolución fuese favorable. 

Finalmente, no podemos soslayar la vital importancia que tiene el acto médico a través del contacto personal con los enfermos y el insustituible examen físico o, simplemente, acciones tan humanas como un apretón de manos, una palmada en la espalda y una sonrisa. Los médicos de antaño apelaban a dicho contacto corporal como un recurso terapéutico. Los médicos más jóvenes no deberíamos dejarlo de lado ante los innegables avances tecnológicos de la actual revolución industrial que, en no pocas ocasiones, tienen un efecto modesto en la salud de nuestros pacientes.

*Secretario General del Círculo Médico de San Nicolás