Especialidades médicas en riesgo de extinción.

Por Dr. Alejandro Spagnolo*

En los últimos tiempos asistimos a un fenómeno en la profesión médica que, por lo menos, debería alertarnos. El mismo tiene relación con la faltade interés por aquellas especialidades como medicina general, clínica médica y pediatría, consideradas como poco “redituables” en términoseconómicos. No existe duda de que estas especialidades han sido relegadas a la hora de la elección de la rama médica a seguir por los colegas más jóvenes. Una muestra de esto es que los puestos de residencia de pediatría y clínica quedan sin cubrirse año tras año. Lejos han quedado las épocas en
que la competencia por esos cargos era feroz, particularmente en instituciones prestigiosas.

Sin ánimo de caer en frases hechas como que “todo tiempo pasado fue mejor”, es indudable que las nuevas generaciones de profesionales priorizan cuestiones como la calidad de vida, el bienestar económico, las relaciones personales y la familia. Deberíamos evitar ver esto como algo
negativo y entender que la medicina, si bien es una profesión sumamente sacrificada, no es un sacerdocio ya que vivimos de este trabajo y pretendemos que las condiciones laborales sean dignas.

Como sea, áreas esenciales de la medicina quedan descubiertas con los perjuicios para la Salud Pública que esto implica. Tan exagerado como pueda parecer, pronto tendremos numerosos expertos en enfermedades de la retina e intervencionismo del hígado, pero pocos que traten una neumonía y una insuficiencia renal, o algo tan elemental como el control sano de nuestros pequeños hijos. Un aspecto no menor es la inadecuada distribución de los médicos en el territorio nacional, con zonas urbanas favorecidas en detrimento de las rurales.  

Lo dicho hasta aquí debe obligarnos a reflexionar profundamente y todos, sin excepción, poner manos a la obra comprometiéndonos a realizar acciones concretas para revertir esta preocupante realidad. 

En lo que respecta al recurso humano creo que es fundamental, y ha sido ostensible durante este año, que el Estado implemente programas para la formación de médicos clínicos, generalistas, terapistas y pediatras. Dichos programas deberían incluir currículas profesionales atractivas, incentivos económicos, acciones que promuevan el regreso de los médicos a sus ciudades del interior y posibilidades de formación continua a distancia. 

Por otro lado, las obras sociales y empresas privadas de salud deben tomar nota de esta problemática, priorizando los aranceles de las consultas médicas que son la principal fuente de ingresos de las citadas especialidades que carecen de prácticas.   

Es necesario que el médico recién recibido encuentre en su trabajo diario un medio de subsistencia adecuado y que pueda desarrollar actividades tanto asistenciales como de docencia e investigación. Un verdadero desafío para la comunidad médica es aunar esfuerzos, mantenerse unidos en torno a instituciones y exigir condiciones laborales dignas de nuestra respetada profesión.