Los avances de la medicina y sus costos

 

Por el Dr. Alejandro Spagnolo

Es indudable que cada uno de los descubrimientos en medicina a lo largo de la historia ha representado un gran avance que sentó las bases para futuros hallazgos. Así es el caso de la penicilina de Alexander Fleming, la vacuna antipoliomielítica de Albert Sabin o el desarrollo de la radioactividad de Marie Curie. Sin embargo, no es hasta la segunda mitad del siglo XX donde este avance se hace exponencial, al igual que el gasto en salud de muchos países como la República Argentina.

Entre los importantes avances médicos creo conveniente diferenciar dos grupos: uno es el que comprenden aquellos que como las vacunas, son de relativo bajo costo económico y gran impacto sobre la salud de la población; el otro incluye a los que como la resonancia magnética tienen un alto costo, requieren de un equipo profesional entrenado y posibilitan un diagnóstico en un paciente individual, logrando así poder resolver enfermedades que en épocas pasadas no hubieran tenido solución. Con todo esto debe entenderse que, a los efectos de la salud pública, una simple vacuna tiene una significativa mayor importancia comparada con una resonancia magnética, si bien esta última tendrá más brillo ante los ojos del paciente que quiera saber si el dolor lumbar que tanto lo aqueja es debido a una hernia de disco.

Es sabido que en nuestros días la medicina moderna tiene un elevado costo económico principalmente atribuido a la tecnología y los medicamentos, y no al trabajo médico. Esta situación francamente crítica en la que el gasto en salud se hace intolerable convierte al profesional, sobre todo clínicos y generalistas, en un administrador de recursos. Sin embargo, esta tarea suele verse dificultada por diversas razones. Una de ellas es el miedo al error diagnóstico y sus consecuencias médico-legales. También es cierto que si un médico no solicita un estudio es muy probable que otro sí lo haga y esto sea interpretado por el paciente como una falta.

Claro que los pacientes no están exentos de cooperar en el cuidado de los recursos en salud, teniendo una actitud respetuosa y prudente ante las indicaciones médicas, sólo alcanzable con un cambio en el pensamiento y creencias de una sociedad no pocas veces egoísta. Por supuesto que los medios de comunicación deberían seguir la misma línea de prudencia en la difusión de los avances tecnológicos y lograr mantener un equilibrio entre el derecho de los pacientes a informarse y el exceso de expectativas que esa información puede generar.

En definitiva, como en tantos aspectos de la vida, se gira alrededor de la relación costo-beneficio, en la que no es difícil calcular el costo, siendo sumamente complicado cuando debemos determinar beneficios en cuestiones de salud. Es que, como dice el Dr. Héctor Alonso (1) , son menesteres éticos y morales, pero cercados por la siempre limitante economía. Es tarea de la sociedad en su conjunto articular armónicamente a los distintos sectores que la componen para evitar mayores conflictos de los que este dilema genera.

•  El clínico, el generalista y la economía. Revista Medicina