El médico clínico en la actualidad

 

Por el Dr. Alejandro Spagnolo

El clínico, llamado en otros países internista, ha transitado distintas etapas a lo largo de la historia. En un principio, con una medicina vírgen de tecnología, era el médico que se encargaba del diagnóstico y tratamiento de aquellas enfermedades que no requerían de las habilidades manuales del cirujano. Por aquel entonces, junto con este último, el partero y el pediatra, formaba parte de un equipo que brindaba atención médica con aceptable armonía. Esta etapa fue seguida de un feroz progreso tecnológico y un avasallamiento informativo, lo cual llevó al surgimiento de las especialidades (Cardiología, Nefrología, Gastroenterología, etc.) debido a una aparente insuficiencia de este profesional, que podría desbordarse ante tales avances científicos (1) . Si bien se introdujeron mejoras en la atención de la enfermedad, no pasó lo mismo con el cuidado del enfermo. A éste le faltaba ese nexo necesario con el sistema de salud, el cual se encontraba determinado por la particular visión del especialista. Así resurge el clínico, constituyéndose como el médico coordinador de un grupo de especialistas que atienden a adultos y adolescentes.

Creo oportuno, con el auge de la Atención Primaria de la Salud en nuestros días, que debe diferenciarse la figura del clínico de la del generalista o médico de familia, ya que éste último no sólo se ha formado en Medicina Interna sino que conoce otras áreas de la salud (Obstetricia, Ginecología y Pediatría), debiendo destacarse el papel fundamental que tiene en el ámbito extrahospitalario. Por su parte, el clínico tiene una participación más activa en áreas de mediana y alta complejidad como pueden ser una sala de internación o una Unidad de Terapia Intensiva.

Se pueden identificar varias características del clínico que debieran ser preservadas, como su visión global de la persona, entendiendo a la misma como un ser bio-psico-social; la realización de una práctica médica de calidad, eficaz y segura para el paciente, basada en la evidencia científica disponible y con una relación costo-beneficio adecuada; la coordinación de la labor de otros especialistas, y la simplificación de la atención médica, evitando múltiples interconsultas (2) .

De todas maneras la Clínica Médica evidencia algunas debilidades, entre las que se destacan cierto desconocimiento social de la especialidad y sus límites, lo cual lleva a una superposición con otras áreas de la salud.

Es una especialidad que no tiene los resultados rápidos de la Cirugía o la espectacularidad de la Emergentología , generalmente necesitando de tiempo para pensar en el enfermo, lo cual no siempre es comprendido por gerenciadores de salud ni por los propios pacientes. En una medicina revestida de alta tecnología no pocas veces vemos menospreciada la simple tarea intelectual del médico clínico. Ante este avance científico-técnico, mayor relevancia cobra este médico, tratando de personalizar una atención que con demasiada frecuencia hace a un lado la angustia del ser sufriente y su familia.

En pocas palabras podemos aseverar que el médico al cual hacemos referencia es capaz de ser el mayor responsable del paciente, atender enfermedades complejas, realizar actividades preventivas como el examen periódico de salud y entender acerca de ciertos trastornos psíquicos del individuo. Es decir, que abarca la problemática total de un enfermo más que la enfermedad de un determinado órgano (3) . Además, debe constituir el núcleo central en la investigación y estructura docente de una institución.

Se verá en este médico una especial predisposición a escuchar ya que es él quien desmenuzará toda la información vertida por el paciente para luego sintetizarla y asignarle a cada síntoma su correspondiente significación.

Ahora bien, nos es fácil a los médicos saber en qué casos tenemos que pedir la opinión del clínico. Pero, ¿debe el paciente concurrir al consultorio del clínico toda vez que quiera saber de qué se trata su dolencia? Aunque no existen respuestas absolutas en medicina, me veo tentado a contestar afirmativamente esta pregunta, ya que es un profesional capaz de dar solución a un 70 a 80 % de las situaciones que se plantean en la práctica habitual, teniendo que valerse de otros especialistas para la realización de procedimientos que se encuentran fuera de su alcance o en caso de no tener la suficiente experiencia en una enfermedad poco frecuente.

Con todo lo expuesto he pretendido explicar que el clínico no pertenece a una rama de la medicina, sino que constituye el tronco mismo de un árbol, desde donde nacen distintas ramas (especialidades) y de éstas otras tantas (subespecialidades). De más está decir que es vital que el tronco se encuentre fuerte y firmemente plantado en la tierra, por el bien de sus ramas, y por supuesto, lo más importante, de los pacientes.

 

 

1-Prof. Dr. Héctor Alonso. Vida, muerte y resurrección del clínico general. Revista Medicina, 1979.

2-Prof. Dr. Jaime Merino. La formación del internista. Congreso de Medicina Interna-Rosario, 2005.

3-Dr. Miguel Maxit. El Médico Clínico y la Comunidad. Congreso de Medicina Interna-Rosario, 2003.