Dr. Braun Menéndez: ciencia, cultura y valores

 

Por Dr. Alejandro Spagnolo*

 

El Dr. Eduardo Braun Menéndez fue un médico y científico que nació en 1903 en Punta Arenas (Chile), adquiriendo más tarde la ciudadanía argentina. En nuestro país fue donde, como discípulo del Premio Nobel Bernardo Houssay, desarrolló toda su carrera profesional.

 

De espíritu noble que asentaba sobre una ferviente fe religiosa católica, fue un hombre de ciencia eminente, a la vez que un líder y ejemplo de una juventud que los seguía con entusiasmo. Era una persona multifacética ya que conjugaba la ciencia con una cultura general envidiable. Le interesaba el arte, las letras y la música, siendo un excelente pianista. Como deportista se destacaba en el polo.

 

Se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1929 y pronto comenzó a dedicarse a la cardiología. En el año 1932 es presentado a B. Houssay y empieza a trabajar en la Cátedra de Fisiología de la Facultad de Medicina.

 

Es en 1939 cuando descubre la hipertensina, un hito de su carrera científica, y pocos días después lo hace otro investigador llamado Irvine Page que la denominó angiotonina. Por un acuerdo entre ambos se terminó llamando angiotensina. Esta sustancia produce, entre otras cosas, constricción de las arterias y ciertos efectos sobre el riñón que conducen a la elevación de la presión arterial.

 

En 1943 renuncia al cargo de cargo de profesor titular en solidaridad con aquellos que habían sido expulsados de la Facultad de Medicina. Mostraba así lealtad a sus convicciones y firmeza moral en una época marcada por el terror y las claudicaciones. A partir de ese momento se juntó con otros investigadores en un emprendimiento con fondos privados de personas que comprendían el valor que tiene la ciencia para un país.

 

Prosiguió con sus trabajos sobre hipertensión arterial participando en numerosos congresos sobre el tema tanto en el país como en el mundo.

 

Fue un universitario ilustre, con una idea muy clara de lo que debía brindar la Facultad a los jóvenes estudiantes.

 

En los finales de la década del 50 se interesa por conseguir la organización de un fondo para permitir la dedicación integral de los profesores en materias básicas y para costear sus investigaciones. Esto fue en definitiva lo que conocemos actualmente como CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas).

 

Durante gran parte de su vida se dedicó a formar investigadores, les consiguió becas y sueldos, tarea que desarrollaba con un dinamismo y optimismo poco comunes. Por ello ha sido un maestro para los jóvenes, a los que atraía con su carisma.

 

En la esfera personal se caracterizó por ser un hombre de acción, emprendedor incansable, un caballero de distinción natural y con grandes valores humanos asentados sobre la ciencia, la cultura, la religión y la ética.
Siempre desinteresado de lo económico, donaba sus honorarios para que otros pudieran sostenerse.

 

El día 16 de enero de 1959 pierde la vida prematuramente en un accidente aéreo en la ciudad de Mar del Plata.

 

Con su desaparición física, el país se ha visto privado de uno de los hombres de ciencia más eminentes. Su figura debería ser un ejemplo para todos los médicos y científicos argentinos, particularmente para los más jóvenes a los que tanto guió y protegió.

 

Creo significativo que honremos la memoria de este sabio que sentó las bases del conocimiento de una letal enfermedad como es la Hipertensión Arterial, permitiendo posteriormente conseguir un tratamiento que ha evitado incontables muertes de causa cardiovascular. Más reconfortante aún es este homenaje si del hombre del que hablamos es argentino.

 

*Secretario General Círculo Médico de San Nicolás
Fuente: Discurso del Dr. B. Houssay en la Academia Nacional de Medicina